
“ME JUBILO Y ME DOY LA GRAN VIDA”
“Me jubilo y me doy la gran vida.” Estas fueron las últimas palabras que Eduardo Sánchez escuchó de su amigo Luis Erazo; si tan solo Eduardo habría sabido que un día después lo dejaría para partir a mejor vida, él no habría tomado con humor esas palabras.
El desayuno estaba listo. El suave y fresco pan, la taza de café caliente y una esposa amorosa aguardaban en la antigua mesa de comedor, la que por su aspecto tendría los mismos años que el matrimonio Erazo-Mendez. El reloj marcaba las 6:30, era hora de salir al trabajo. Luis Erazo vestía su habitual uniforme; el distintivo pantalón jean y la chaqueta del mismo color, sus botas negras con punta de acero y aquella gorra azul con el sello de la Empresa eléctrica de Cayambe, la que protegía su rostro de los penetrantes rayos del sol cuando su mañana transcurría en lo alto de un poste de luz.
Quién habría imaginado que un lunes 19 de octubre, un día normal para quienes en esa fecha no cumplen años y para quienes el calendario simplemente así lo indica; se convertiría en una mañana que la familia Erazo jamás olvidará, una mañana que marcaría sus vidas.
El trabajo en la Empresa Eléctrica marchaba normal, informes de apagones y lo usual; sin embargo una simple llamada cambiaría el rumbo de las cosas, una llamada que para Eduardo Sánchez no era más que el “anuncio de la muerte”.
Un inconveniente había surgido en la comuna de San Esteban en la parroquia de Isidro Ayora. La explosión de los transformadores en un poste había dejado sin luz a los moradores .
La unidad de electricistas se dirigieron al lugar, ahí estaba Erazo, quien a sus 65 años aún tenía la misma energía para subirse a los postes como cuando lo hacía hace muchos años .Aunque su labor ya no era la de reparación, la inasistencia de uno de los electricistas de la empresa, le obligo a cumplir con una función que ya no le correspondía.
Su peculiar sentido del humor, el ímpetu con el que trabajaba hacían de él una persona única, un gran compañero, “nunca faltaban sus bromas mientras laborábamos, una vez me hiso reír tanto que no podía sostenerme bien del poste” .Con una sonrisa y un suspiro de resignación el Ing. Cárdenas relata lo sucedido. “Él ya no tenía que hacer ese trabajo, lo hizo porque fue una persona responsable “.
El radiante sol iluminaba la majestuosidad del Cayambe. Eran las 10:30 y en el destacamento del cuerpo de Bomberos de la ciudad, se informó de una persona electrocutada, en la parroquia de Ayora, la unidad de auxilio inmediatamente salió al rescate.
La potencia de la electricidad mató a Luis; mientras él arreglaba el inconveniente del poste, los generadores de luz fueron encendidos sin imaginar que Erazo aún no terminaba su trabajo. Su muerte fue instantánea, la electricidad penetró su brazo derecho, ingresó por todo su cuerpo y salió por su pie izquierdo ocasionándole su muerte.
El cuerpo yacía en la calle durante una hora, la Policía no llegaba al lugar del accidente por lo que no podían hacer el levantamiento del cadáver. Los testigos mencionaron que por la negligencia de la policía, Erazo permaneció durante una hora aproximadamente en el lugar
Su familia nunca podrá olvidar, aquella mañana en la que como todos los días salía a su trabajo con su característico uniforme jean.
Fausto Hidalgo uno de sus conocidos, manifiesta que Erazo estaba por jubilarse faltaban pocas semanas para salir. “Nos daremos la gran vida, nos pasearemos y ahí sí; puedo morir tranquilo”.
Esas palabras se transformaron en realidad, poco le faltaba para jubilarse y darse la “gran vida”, pero sus planes fueron estropeados por la inesperada presencia de la muerte.
“Me jubilo y me doy la gran vida.” Estas fueron las últimas palabras que Eduardo Sánchez escuchó de su amigo Luis Erazo; si tan solo Eduardo habría sabido que un día después lo dejaría para partir a mejor vida, él no habría tomado con humor esas palabras.
El desayuno estaba listo. El suave y fresco pan, la taza de café caliente y una esposa amorosa aguardaban en la antigua mesa de comedor, la que por su aspecto tendría los mismos años que el matrimonio Erazo-Mendez. El reloj marcaba las 6:30, era hora de salir al trabajo. Luis Erazo vestía su habitual uniforme; el distintivo pantalón jean y la chaqueta del mismo color, sus botas negras con punta de acero y aquella gorra azul con el sello de la Empresa eléctrica de Cayambe, la que protegía su rostro de los penetrantes rayos del sol cuando su mañana transcurría en lo alto de un poste de luz.
Quién habría imaginado que un lunes 19 de octubre, un día normal para quienes en esa fecha no cumplen años y para quienes el calendario simplemente así lo indica; se convertiría en una mañana que la familia Erazo jamás olvidará, una mañana que marcaría sus vidas.
El trabajo en la Empresa Eléctrica marchaba normal, informes de apagones y lo usual; sin embargo una simple llamada cambiaría el rumbo de las cosas, una llamada que para Eduardo Sánchez no era más que el “anuncio de la muerte”.
Un inconveniente había surgido en la comuna de San Esteban en la parroquia de Isidro Ayora. La explosión de los transformadores en un poste había dejado sin luz a los moradores .
La unidad de electricistas se dirigieron al lugar, ahí estaba Erazo, quien a sus 65 años aún tenía la misma energía para subirse a los postes como cuando lo hacía hace muchos años .Aunque su labor ya no era la de reparación, la inasistencia de uno de los electricistas de la empresa, le obligo a cumplir con una función que ya no le correspondía.
Su peculiar sentido del humor, el ímpetu con el que trabajaba hacían de él una persona única, un gran compañero, “nunca faltaban sus bromas mientras laborábamos, una vez me hiso reír tanto que no podía sostenerme bien del poste” .Con una sonrisa y un suspiro de resignación el Ing. Cárdenas relata lo sucedido. “Él ya no tenía que hacer ese trabajo, lo hizo porque fue una persona responsable “.
El radiante sol iluminaba la majestuosidad del Cayambe. Eran las 10:30 y en el destacamento del cuerpo de Bomberos de la ciudad, se informó de una persona electrocutada, en la parroquia de Ayora, la unidad de auxilio inmediatamente salió al rescate.
La potencia de la electricidad mató a Luis; mientras él arreglaba el inconveniente del poste, los generadores de luz fueron encendidos sin imaginar que Erazo aún no terminaba su trabajo. Su muerte fue instantánea, la electricidad penetró su brazo derecho, ingresó por todo su cuerpo y salió por su pie izquierdo ocasionándole su muerte.
El cuerpo yacía en la calle durante una hora, la Policía no llegaba al lugar del accidente por lo que no podían hacer el levantamiento del cadáver. Los testigos mencionaron que por la negligencia de la policía, Erazo permaneció durante una hora aproximadamente en el lugar
Su familia nunca podrá olvidar, aquella mañana en la que como todos los días salía a su trabajo con su característico uniforme jean.
Fausto Hidalgo uno de sus conocidos, manifiesta que Erazo estaba por jubilarse faltaban pocas semanas para salir. “Nos daremos la gran vida, nos pasearemos y ahí sí; puedo morir tranquilo”.
Esas palabras se transformaron en realidad, poco le faltaba para jubilarse y darse la “gran vida”, pero sus planes fueron estropeados por la inesperada presencia de la muerte.
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